25 febrero 2013

El mate queda a tu elección (I)

Para acompañar la lectura...



Salí del comedor para ir al baño, al fondo del pasillo, a la izquierda. Dispuesto a buscar a Carol por el camino, puerta a puerta si hacía falta. Pero las puertas de todas las habitaciones estaban abiertas, vacías y oscuras, también un poco frías, y eso que era verano...

De pronto, cuando giré para llegar al baño, a unos metros delante de mí, observé que la puerta desprendía unas finas rendijas de luz y algo de vapor. ¿Y si estaba allí?

Temblé con la idea de encontrarla en la ducha. No sabía si podría contener mis impulsos, aun con Mónica -mi chica- en el comedor...

Allí estaba ella, sí. La vi reflejarse por un momento en el espejo -creo que ella también me vio- pero, sin duda, era mucho mejor lo que no veía reflejado en ningún lado y veía directamente desde mi posición privilegiada.

La silueta de su cuerpo semidesnudo se clavaba ahora en mi mente. 

Su piel blanquecina, apenas bronceada y de aspecto frágil, como si de una muñequita de porcelana se tratara. Cubierta apenas con un culotte negro con encaje blanco, que dibujaba la pálida desnudez de parte de su trasero… No alcancé a ver gran parte del sujetador, pues su melena lo ocultaba, aunque parece ser que iba a juego con el culotte.
                                                                                                                 ***
"¡Joder! ¿Qué hace aquí el pesado de Jorge?", pensé para mis adentros al ver reflejada en el espejo una pequeña parte de su cara; pequeña, pero irreconocible. En realidad, el pobre chico no es ningún pesado, pero... para mí todos lo son. Teniéndolo allá, siendo consciente de que me espiaba tras la puerta, me apeteció darle un poco de juego y morbo al asunto. Y eso hice.
                                                                                             
 


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