Salí del comedor para ir al
baño, al fondo del pasillo, a la izquierda. Dispuesto a buscar a Carol por el
camino, puerta a puerta si hacía falta. Pero las puertas de todas las
habitaciones estaban abiertas, vacías y oscuras, también un poco frías, y eso
que era verano...
De pronto, cuando giré para
llegar al baño, a unos metros delante de mí, observé que la puerta desprendía
unas finas rendijas de luz y algo de vapor. ¿Y si estaba allí?
Temblé con la idea de
encontrarla en la ducha. No sabía si podría contener mis impulsos, aun con
Mónica -mi chica- en el comedor...
Allí estaba ella, sí. La vi
reflejarse por un momento en el espejo -creo que ella también me vio- pero, sin
duda, era mucho mejor lo que no veía reflejado en ningún lado y veía
directamente desde mi posición privilegiada.
La silueta de su cuerpo
semidesnudo se clavaba ahora en mi mente.
Su piel blanquecina, apenas
bronceada y de aspecto frágil, como si de una muñequita de porcelana se
tratara. Cubierta apenas con un culotte negro con encaje blanco, que dibujaba
la pálida desnudez de parte de su trasero… No alcancé a ver gran parte del
sujetador, pues su melena lo ocultaba, aunque parece ser que iba a juego con el
culotte.
***
"¡Joder! ¿Qué hace
aquí el pesado de Jorge?", pensé para mis adentros al ver reflejada en el
espejo una pequeña parte de su cara; pequeña, pero irreconocible. En realidad,
el pobre chico no es ningún pesado, pero... para mí todos lo son. Teniéndolo
allá, siendo consciente de que me espiaba tras la puerta, me apeteció darle un
poco de juego y morbo al asunto. Y eso hice.
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