Decían de ella que tenía mucha confianza en sí misma y que era muy segura, pero realmente no tenía ninguna de esas cosas. Sólo ella lo sabía. El mundo que giraba a su alrededor seguía pensando lo mismo. Pero sólo ella sabía que no era así, que a cada paso que daba le acompañaba alguna de sus dudas, ejerciendo de sombras, como si fueran fantasmas… Que no exteriorizaba ninguna de esas dudas ni sus miedos, y así era como se había forjado la fachada a la que llamaban “seguridad”.
Y eso mismo, esas dudas, esos pensamientos, esas inseguridades, eran lo que la mataban, o lo que la iban consumiendo igual que se consumía el cigarro que dejó caer a la acera una vez terminado, a la espera de que pasara lo que tuviera que pasar o de las sorpresas que llegaran: quien sabe si no sería pisado por alguien… o si vientos mejores le llevarían a otros lugares, a otros ambientes. A otros aires.

Siguió avanzando entre la multitud, observando a las personas que caminaban por aquella avenida, cada uno con sus pensamientos o sus cosas: el empresario trajeado que lleva un maletín en su mano izquierda y sostiene el móvil, en el que mira algo, en la otra; un grupo de jóvenes que charlan animadamente, haciendo el mayor ruido posible; una pareja de ancianos paseando de la mano; otro joven que camina deprisa con una mochila colgada al hombro mientras escucha música; una madre con su hijo pequeño, que señala todo aquello que ve, desconocido y nuevo para él, y ríe feliz ante la explosión de colores que se abre paso a su vista en aquella avenida… Todos con prisa, excepto los ancianos, que parecían estar disfrutando de su paseo. ¿Alguna de aquellas personas se daría cuenta de que los observaba y jugaba a adivinar sus pensamientos, sus vidas?
Media Verónica miró la esquina que dejaba atrás, acordándose de sus preocupaciones –las pasadas y las actuales-, y de cómo había ido superándolas poco a poco. Si realmente tenía alguna virtud, era la de superar los obstáculos que se le pusieran por delante –no esa seguridad que decían-, aunque le llevara meses o, incluso algún que otro año, pero lo conseguía. Y pensando en ello, sonrió.
Y un soplo de aire la sacó de su ensimismamiento (y se llevó su cigarro a otro lugar). Miró su reloj: pasaban ya las ocho de la tarde. Llegaba tarde ya. Decidió ir dejando atrás, por las aceras, los pasos de cebra, las esquinas y demás cosas que encontraba por la calle, aquellos malos pensamientos y con ello, aligerar, caminar más deprisa. Ahora sólo la acompañarían las sonrisas… y el viento.
(Rescatando entradas del otro blog...)
2 comentarios:
Media Verónica ha crecido muy de repente, pena no haber metido más cosillas de por medio para seguir cierto orden en su desorden de vida.. Me pregunto a donde llega tarde xD
Esas cosillas de por medio que dices, su vida, su crecimiento... ya irá apareciendo poco a poco, son entradas sueltas, según me de el venazo (porque ya ves que hay una así en plan "ahora" y otra de "hace 10 años"...) así que es según me da, pero la chiquita tiene más cosas que contar :)
Y donde llega tarde, pues va enlazado con otro personaje que sale por ahí, con otra etiqueta (dueña de mi mirada), pero... ya llegará a su destino jeje
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